Querida mini-yo:
Día de Reyes. He conseguido levantarme de la cama a pesar de llevar desde el miércoles sin poder dar bocado. En este momento no me siento débil, la ilusión que se repite año tras año me domina. Mi hermana encabeza la excursión y no puedo evitarlo, me emociono cuando la oigo gritar "¡han venido!"
Se han comido el mazapán con forma de pato, al igual que todos los años, y algún que otro bombón de esos con nombre impronunciable pero que saben a gloria. Un poquito de leche y, para el que quisiese, una copita de whisky para entonar el cuerpo. Mientras los camellos sacian su sed, colocan los regalos al lado de nuestros zapatos y nos dejan más golosinas y chocolates de las que deberíamos comer en un año.
Estoy segura que sabían lo mucho que me iban a gustar los regalos. Una cazadora de cuero para sacar mi lado más fiero incluso cuando tenga miedo, y un portátil para escribir todo lo que se me venga a la mente. No podrían haberse portado mejor.
Y, como Peter Pan, ¿quién me va a quitar la magia de la Navidad como la siente un niño?
Esperando recuperarme para poder probar mi merecida porción de roscón,
Una chica del mundo real.