Querida mini-yo:
Cada año me pasa lo mismo: llega el mes de diciembre y los recuerdos me avasallan, recordándome todos los grandes momentos vividos durante esos 365 días. Pero este año la nostalgia se ha apoderado de mí más que nunca, intentando echar la vista atrás y evadirme, volver a tiempos mejores, más fáciles para todos. Siento que, en tan solo unos meses he cambiado más de lo que me gustaría admitir.
Hoy ya no sé qué bien quién soy.
No sé qué ha sido de 2020, pero sí sé que hace un año no conocía la incertidumbre como la he conocido estos meses. Tampoco el miedo ni la responsabilidad. La desilusión, esa sensación constante del corazón en un puño. No saber cuándo iba a volver, qué pasaría al día siguiente. Aprender a manejar todas esas emociones, sola, y afrontar la realidad. Sin un abrazo cuando más lo necesitaba, pero agradeciendo en todo momento estar bien. He llegado a aborrecer esta "nueva normalidad" - que no tiene nada de normal -, la frivolidad con la que hemos pasado de ser personas a un simple número en los telediarios.
Sabía que la distancia se medía en ganas, pero nunca había tenido el coraje de ponerme a contarlas. Aunque parezca difícil de creer, a veces estar a metro y medio de un ser querido sin poder envolverle entre tus brazos duele mucho más que una llamada a cien kilómetros.
Ha sido un año de sentir mucho y actuar aún más. Pero, este año más que nunca, nos ha enseñado a valorar: todo lo aprendido, poder estar bien, tener a todos los nuestros con nosotros. He empezado a apreciar cada momento, cada detalle, cada caricia, cada mirada, por si es la última.
Ojalá tú también, mi querida mini-yo, valores cada momento y cada una de las lecciones que seguramente hayas ido guardando en tus bolsillos. Te deseo mucha fuerza en este tiempo que queda. Seguro que lo mejor está por venir.
Hasta la próxima,
Una chica el mundo real.