Era invencible.
O, por lo menos, eso creía.
Luché contra un ejército que quería verme destrozada;
esquivé los afilados insultos de las personas en las que una vez confié;
me enfrenté a mis peores miedos.
Salí victoriosa de todo ello,
pero las cicatrices permanecen.
No suponían un problema; todo lo contrario:
me hacían recordar lo fuerte que puedo llegar a ser.
Y ahora me pregunto cómo,
habiendo pasado por todo lo pasado,
has podido romper mi corazón.
