domingo, 10 de abril de 2016

Querida mini-yo: entre citas y emociones, la esencia del carpe diem.

Querida mini-yo:

Se va acercando la Semana del Libro y hoy, como parte de un típico domingo, me he decidido a leer citas de los más grandes. Para que luego mi madre me diga que sólo leo tonterías en el móvil...

Supongo que por entretenimiento; quizás, por distracción, o incluso para inspirarme. ¿Acaso necesita justificación?

Y, entre unos y otros, he acabado dándole vueltas a una que me ha llamado bastante la atención de Wal Whitman:

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. 
Señoras y señores, esta es la viva personificación del ansiado carpe diem, lo que tanto ansiamos y solo los sabios y puros de corazón podrán identificar.

No se basa en una etapa de la vida o los bienes materiales; no. Es ese conjunto de momentos que pueden durar lo que un segundo lo que le da un sentido a la vida. Abstracto, sí, pero eficaz.

Ojala hubiese libros o vídeos en YouTube que explicasen cómo conseguirlo. Seguro que el mundo sería un lugar mejor.

Pero, por desgracia, la gente no se esfuerza tanto para lograrlo. Espero que a partir de ahora, tú sí lo busques.

Una chica del mundo real.

lunes, 4 de abril de 2016

Querida mini-yo: el paraguas rojo.

Querida mini-yo:

Hace tiempo que no llueve así, sin cesar, como las lágrimas cayendo. Además, con ese color gris plomizo puedes incluso creer que el cielo está de luto.

Cojo mi paraguas rojo, ese que parece alegrar hasta la tarde más triste y fría, pero hoy ni eso parece animarme. Ni a mí ni a todas las personas que van de un lado a otro mientras se encierran en un mundo donde todo tiene un porqué.

Una de las tantas razones para huir de aquí.

Sigo andando. Mis botas se llenan cada vez más de agua y me pesa andar. O es eso o todas las emociones que parezco llevar a rastras.

Los coches circulan al lado intentando ensuciarme pero, en medio de toda esa agonía, tengo la gran suerte de salvarme con mi paraguas rojo.

Todavía queda algo que me ayude a seguir, supongo. Y espero no perderlo nunca porque cuando todo está perdido, ¿qué te impedirá acabar?

Una chica del mundo real.