El viento me hace entrecerrar los ojos y aúlla con fuerza en mis oídos mientras camino. Para algunos, una odisea llegar a su destino. Para mí, que vivo en un constante torbellino, una reconfortante pausa.
Sí, tal vez sean los únicos diez minutos que tendré en todo el día para poner en orden mis pensamientos, pero eso no los hace menos intensos.
Hará dos semanas que volví a la rutina: levantarse cuando todavía es de noche, seguir a los mismos de siempre de camino al instituto como si fuésemos una manada, llegar a casa y desear con todas mis fuerzas poder echarme una siesta de cinco minutillos que se alargan media hora. Pero no ha sido hasta ahora que la verdad me ha azotado con fuerza, como lo hace en estos momentos el viento.
Septiembre: mes de reencuentros y despedidas, de ilusiones y esperanzas, de olor a tierra húmeda y un paraguas en el bolso "por si me pilla".
"Septiembre"... Qué bonito suena. Como si, entre el huracán, una suave brisa te despeinase. Porque, como dice un mago de las palabras (@defreds), "las cosas bonitas despeinan".
Bienvenido a mi caos, mi viejo amigo otoño.
Ya con un par de calcetines en cada pie,
Una chica del mundo real.