domingo, 20 de marzo de 2016

Querida mini-yo: nada como MI casa.

Querida mini-yo:

He tenido la gran suerte de pasar una semana maravillosa junto a personas encantadoras en un lugar mágico escondido entre los pliegues de los mapas de una fría y húmeda Inglaterra. Y con fría me refiero a que me he congelado llevando más capas que una cebolla mientras los ingleses iban en mangas de camisa y, si les obligaban las madres, un jersey encima que les estorbaba mucho.

 Recuerdo la sonrisa de mi "padre inglés" durante la cena mientras me intentaba animar:
Hoy no ha llovido; parece que has traído el tiempo español aquí.
Y sí, así sólo me desanimaba más.

Me acuerdo de las palabras de mi profesora:
Haceros a la idea de que allí suelen comer a menudo lasaña, pizza... Vais a ver poca ensalada.
Llegué allí feliz, y he vuelto no con ganas de una buena paella, tortilla de patata o un bocadillo de jamón. No, he venido con ganas de un buen trozo de pan que no sea pan de molde. A partir de ahora, me mantendré alejada de los sándwiches por una temporada.

A pesar de todo ello, he disfrutado muchísimo con mis amigos (viejos y nuevos) y he aprendido detalles vitales: por ejemplo, que nunca debes confiarte mientras patinas sobre hielo o que debes tener cuidado con los patos (parecen salir de debajo de las piedras); pero, lo más importante, es que estés donde estés, siempre lleves mil sonrisas a cuestas (una puesta y el resto de repuesto) y que ni el más frío inglés tiene un corazón de piedra.

Deseando que mi padre me deje pasar una sola tarde sentada en el sofá sin tener el corazón a punto de un infarto por ver tantas películas angustiosas,

Una chica del mundo real.

Por: Una chica del mundo real en el viaje en autobús a las cuatro de la mañana.