martes, 8 de diciembre de 2015

Querida mini-yo: es el día.

Querida mini-yo:

Ha llegado el día.

Sí, ya sabes de lo que hablo. Ese día del año en el que todos en la familia se vuelven locos y no hacen otra cosa más que llevar bolsas de una punta de la casa a otra y enorgullecerse de su trabajo.

Señoras y señores, hoy tocaba decorar el árbol de Navidad.


A pesar de mi padre y sus comentarios sarcásticos (¿o no?) en los que piensa decorar la casa el veinticuatro de diciembre, mi madre ha ganado la batalla y aquí hemos estado, poniendo luces y decidiendo si una bola es digna de estar en la parte delantera del árbol o tiene la mala suerte de pasar desapercibida, oculta entre el follaje.

Y, cómo no, mi hermana ha decidido enseñarnos porqué nunca será DJ y hemos tenido toda la tarde una recopilación de niños cantando villancicos en todos los idiomas y tonos posibles. Necesito una cura de música ya.

Pero ha sido muy divertido ver cómo el árbol es más pequeño cada año, según ha dicho el trasto, y ver cómo mi padre nos cogía por banda para bailar lo que se suponía que era un elegante vals. Además, solo ha sido una hora quemándonos la cabeza sobre tanta decoración; por lo menos, hemos podido disfrutar de unas palomitas después.

Estoy deseando hacer el examen de biología mañana para así quitarme de en medio los exámenes y empezar a disfrutar de este ambiente pre-navideño.

Esperando no soñar con dinosaurios ni bolas de Navidad gigantes aplastándome,

Una chica del mundo real.