Querida mini-yo:
Esta ha sido, sin ninguna duda, una semana intensa. Entre mis enemigas (sí, querida mini-yo: las matemáticas), la emoción de mi primer examen de latín y este maravilloso puente, no he tenido ni un momento para conectarme a mis redes sociales o incluso para ver el telediario, aunque solo piense en lo mal que está el mundo cuando lo veo.
Tras un largo viaje en coche en el que pensé que mis piernas pasarían a sumirse en un sueño eterno mientras la lluvia salpicaba el parabrisas, conseguimos llegar a ese rincón casi al fin del mundo rodeado de exuberantes plantas y acantilados de libro.
No solo me encantó esa tierra de Meigas llena de historia y aventuras, sino las personas que en ella residen. Ese acento tan cantarín y refinado que se asemeja al murmullo de las olas rompiendo en la arena... Por no hablar del pulpo a la gallega: si antes me gustaba el pulpo que se hace aquí en la Mancha, creo que no podré probarlo nunca más si no es gallego; ni siquiera en el mejor restaurante.
Así que, querida mini-yo, si alguna vez te ofrecen descubrir los misterios del norte, no dudes en coger tus botas de agua (que son imprescindibles) y una sonrisa para todo el que se cruce por tu camino.
Pero volvemos a esta zona de viñedos y solo me queda el olor a sal en la maleta, incitándome a esperar con más ansia la próxima vez.
Con las ideas revueltas como en una marejada,
Una chica del mundo real.

