miércoles, 7 de octubre de 2015

Querida mini-yo: ¿será obsesión lo que sienten las madres hacia los armarios?

Querida mini-yo:

Nunca llegaré a entender a mi madre. Todos los años antes de que el frío se instale con nosotros para una larga temporada, decide hacer cosas estúpidas, como puede ser "colocar su armario". Comprendo que organice el de mi hermana, pues crece y tiene que ver qué le vale y qué necesita para la nueva temporada.

Pero es que su caso es
muy diferente: antes de nada, se pasa días enteros suspirando y diciendo por lo bajo "me toca hacer el cambio de otoño", como si intentase grabarlo a fuego en su mente como una obligación; después tenemos la segunda fase, que consiste en amontonar su ropa en la cama y dejar el armario totalmente vacío para, seguidamente, sujetar su pelo en una pinza y continuar con la faena. Ahora tocaría decidir la suerte de cada prenda: unas pocas (tres en total) serían desechadas porque debería estar prohibido llevar semejante trozo de tela deshilachado y lleno de pelotillas por el paso del tiempo, mientras que el resto volverían a su percha y al mismo lugar que habían ocupado anteriormente.

Y aquí viene el quid de la cuestión: ¿por qué lía la que lía si sabe que como mucho se deshará de cuatro trapos y el resto seguirá igual? Nadie lo sabe, creo que ni siquiera ella.

Creo que es una pasión secreta de cuando eres madre: ordenar, ordenar y descolocar para volver a ordenar. ¿Existirá alguna competición para semejante hobbie? ¿Y premios para los pobres que tenemos que soportar semejante "transformación"?

Es por ello, querida mini-yo, que plasmo mi teoría en esta entrada para que, en un futuro que todavía se me antoja lejano, no me deje llevar por ese instinto de madres y siga manteniendo mi desorganizada esencia.

Con mi madre otra vez a la carga para atacar toda gripe o resfriado,

Una chica del mundo real.