Querida mini-yo:
Hoy he vuelto a visitar mi colegio. El camino entre las piedras resbaladizas por la lluvia se me antojaba demasiado largo hasta que he tocado el timbre pero en cuanto me han abierto la puerta, me ha parecido que el tiempo no había pasado y volvía a ser esa niña de dos años en su primer día de clase con su babi rosa dándole los buenos días a la monja de puerta. O no tan atrás, simplemente al año pasado cuando iba con miles de hojas de apuntes mientras repasaba un examen de formulación química.
Entre unos "qué mayor te veo" y "cuánto has crecido", he continuado con mi visita. Y prometo que cuando iba a llamar a la puerta para entrar a mi clase, me flaqueaban las piernas. Pero ha sido abrirla y descubrir que todo seguía igual. Lo único que había cambiado era yo.
" La clase es tuya" me dice el profesor como saludo mientras mis antiguos compañeros se levantan para abrazarme, y ha sido ahí cuando he sentido lo mucho que les echaba de menos. No me había dado cuenta hasta ese instante, recibiendo todo su cariño y sus típicas bromas. Solo me ha faltado adueñarme de un pupitre y empezar a tomar apuntes de lo que estuviesen dando.
Y es en días así, querida mini-yo, en los que das gracias por todo eso que has vivido y a lo que volverás siempre que quieras recordar.
Tapada hasta las orejas con la colcha y un catarro difícil de quitar se despide,
Una chica del mundo real.