Qué bien se está un sábado escribiendo en el sofá. Hoy no necesito ni arroparme, se está a gusto incluso descalza.
Miles de ideas descabelladas pasan por mi mente, pero quiero centrarme e irme a otro lugar, donde una niña se tumba sobre el duro asfalto mientras intenta conciliar el sueño sin que las imágenes de lo vivido la sigan atormentando. Su hermano llora a su lado; extraña lo que un día fue su hogar, no aquel martirio controlado por unos cuantos faltos de corazón.
Ahora están en manos de gobiernos a los que les preocupan más las apariencias que las personas. Un hombre les mira con asco por huir.
Y ese asco me hace repudiar esta sociedad, aquí, desde el sofá.
Una chica del mundo real.