Querida mini-yo:
He descubierto que en el mundo todavía quedan personas por las que vale la pena luchar y que, tal vez, siempre recordaremos.
Y ella es una de esas.
Tal vez no fuese la mejor persona del mundo ni ganase el premio Nobel de la Paz o no sea famosa en el mundo pero la grandeza de las personas no se mide en cuántas personas conocen lo básico de ellas, sino de cuántas has llegado a tocar su alma.
Su sonrisa... Me encantaba su sonrisa. Creo que a ella también y por eso iba sonriendo allá donde fuese.
No era de mi familia pero se sentía como si así fuese. Nunca era un mal momento para regalarnos ramos y ramos de hermosas flores de su jardín y cuando estábamos despidiéndonos, nos daba las gracias como si hubiésemos hecho el mayor truco de magia nunca antes visto.
Todas las Navidades nos invitaba a visitar su belén como excusa para pasar una tarde maravillosa en compañía de un café y la melodía de sus risas.
Tal vez el cáncer haya puesto punto final a su historia, pero sé que seguirá siendo eterna mientras haya gente como yo que no la olvide. Porque allá donde la recuerden, su presencia seguirá.
Hace días que nos dejó y sigo sin poder asimilarlo; pensar en esa última vez que no se sentía como lo que realmente era... Pero aquí estamos, viviendo entre recuerdos y esperando poder llegar a parecernos a su sombra.
Con la mente todavía rondando en mi querida Lourdes,
Una chica del mundo real.