martes, 25 de agosto de 2015

Querida mini-yo: me gusta hacer de mamá por un día.

Querida mini-yo:

Te debe sonar muy cliché, pero me he despertado de la mejor manera posible. La luz entraba por la ventana sin llegar a molestarme, la temperatura era ideal y alguien me abrazaba... Espera, ¿que alguien me abrazaba? ¿Cómo es eso posible? Abrí los ojos y vi a mi trasto con sus bracitos rodeándome y su cabeza en mi pecho. No pasó mucho hasta que se despertó, y seguimos un rato tumbadas mientras mirábamos el techo y hablábamos de nuestras cosas.

Como somos unas expertas dormilonas, ya era tarde y teníamos que desayunar, así que nos levantamos y fuimos a la cocina, donde preparé los desayunos y juntas nos tomábamos las galletas viendo sus dibujos. Dejamos los cacharros en el fregadero, y una genial idea se nos pasó por la mente: ¿y si fregábamos y así cuando volviese mamá estaría orgullosa de nosotras?

Viéndola a ella, con el delantal que le quedaba grande y disfrutando del agua correr por sus dedos, me acordaba de cuando era pequeña y me gustaba fregar mis platos de plástico. Me podría pasar la tarde entera aparentando ser mayor, con un taburete en el que me subía para llegar.

Y ahora que me parece que está demasiado bajo para poder hacer algo cómodamente...

Es increíble cómo pasa el tiempo. Como hablaba mi profesora de literatura, "tempus fugit".

Sin embargo, me gusta hacerme mayor, me gusta madurar. No dejaría esto por nada del mundo, esta sonrisa recordando aquellos momentos y la alegría al pensar en el futuro cuando recordase este día y sonriese de nuevo.

Ex toto corde,

Una chica del mundo real.