Querida mini-yo:
Gústate.
Así, sin peros que valgan.
Quiérete recién despierta, con el moño deshecho y la actitud de un zombie; quiérete al probarte pantalones que no son de tu talla en el probador de la tienda. Incluso cuando sientas que no puedes seguir adelante.
Alégrate por tus manías y tus defectos, por llegar siempre la primera y tener que esperar al resto, por no poder ir a casa de tu abuela sin tu champú, por olvidarlo todo y saber que no recuerdas algo importante.
Siéntete libre de morderte las uñas para luego quejarte de lo cortas que las tienes siempre. No malgastes tu tiempo pensando en el qué dirán y haz lo que realmente te guste; nadie puede detener a una oveja negra orgullosa de sí misma.
Tal vez no sea la candidata perfecta para escribir un libro de autoestima y superación profesional, pero sé que todos necesitamos de vez en cuando que nos recuerden lo mucho que valemos.
Ámate tanto que no necesites a nadie para ser feliz contigo misma. Cree en ti, aunque seas la única.
Sumergida en un maremoto de exámenes y apuntes,
Una chica del mundo real.
